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  • Foto del escritorCARLOS IGLESIAS

¡Una experiencia de madres y alumnas bailando juntas!

¡Hola a todas!


Hoy queremos compartiros una experiencia maravillosa y divertida que tuvimos el placer de dirigir en el CENTRO TG en Hellín. Os dejamos una imágenes del día y aspectos que nos gustaría destacar de nuestro proyecto este día en el entorno de la danza.


La actividad surge como motor de conexión a traves de la danza de madres e hijas. Esta actividad se destaca por:


  • Superando barreras generacionales: El aula de danza se convirtió en un espacio único donde diferentes generaciones se encontraron y se unieron a través de la danza. Las madres revivieron su amor por el baile, mientras que las alumnas más jóvenes tuvieron la oportunidad de aprender de las experiencias y habilidades de sus madres. Esta interacción generacional fue inspiradora y creó un ambiente acogedor y amistoso.



  • Risas y diversión aseguradas: Imaginen un aula llena de risas contagiosas y sonrisas radiantes. Eso es exactamente lo que sucedió cuando las madres y las alumnas comenzaron a bailar juntas. No había lugar para la vergüenza o la timidez, solo pura diversión. Nos reímos de nuestros errores, nos animamos mutuamente y celebramos cada pequeño logro. Bailar juntas nos permitió relajarnos y disfrutar plenamente de la experiencia.

  • Compartiendo conocimientos y habilidades: Las madres que se unieron a nuestras clases de danza aportaron una valiosa experiencia y conocimientos técnicos que habían adquirido a lo largo de los años. Compartieron consejos, trucos y técnicas que habían aprendido de sus propios maestros de danza. Esto enriqueció nuestra formación como alumnas, ya que pudimos aprender de su sabiduría y aplicarla en nuestras rutinas. Fue un intercambio mutuo de conocimientos que nos benefició a todas.



  • Creación de vínculos más fuertes: El compartir el aula de danza con nuestras madres nos permitió estrechar nuestros lazos familiares de una manera única. Bailar juntas nos ayudó a entendernos mejor, a apreciar nuestros esfuerzos mutuos y a celebrar nuestras pasiones compartidas. Además, las alumnas también tuvimos la oportunidad de conocer a las compañeras de clase desde una perspectiva diferente, al interactuar con sus madres. Estos lazos más fuertes fortalecieron nuestra comunidad de danza y crearon amistades duraderas.



Asi que os dejamos unas imágenes de la experiencia de compartir el aula de danza con nuestras madres fue simplemente maravillosa. Nos permitió superar barreras generacionales, reír juntas, aprender unas de otras y fortalecer nuestros lazos familiares y amistosos.


Bailar es una forma de expresión que nos conecta y nos llena de alegría, y esta experiencia compartida lo demostró una vez más el trabajo en comunidad.

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